jueves, 20 de mayo de 2010

WHO (ECAM IMPRO)

Si le preguntan ustedes en qué piensa, él les dirá que en las estrellas. Si quieren saber por qué lanza piedras contra los gatos que deambulan por el barrio, se echará a reir y tal vez sean ustedes mismos el objeto de sus proyectiles. Nadie sabe si es cierto que tiene un ojo de cada color porque nadie ha podido acercarse lo suficiente. Nadie puede entender por qué se empeña en andar por ahí con esas malditas gafas a las que les falta uno de los cristales. Nadie adivina si llora de felicidad o ríe amargamente porque su rostro es una piedra inmutable ante el sentimiento. Yo no tengo ni la más remota idea de quiénes son sus padres, ni en qué calle vive. Yo no sé nada de él. Ni yo, ni nadie. Al menos no supe nada hasta que el pasado diciembre alguién golpeó mi pueta. Allí estaba él, preguntándome quién coño era yo y dónde había metido su otra lente.


Caos Fernández Lobo

viernes, 23 de abril de 2010

El recuerdo: la mina terrestre


ÉL: ¿Qué haremos si todo termina?

ELLA: Entonces sólo nos servirán los recuerdos.

ÉL: ¿Los recuerdos? Los recuerdos no me rozan bajo las sábanas, ni me despiertan antes de que suene la alarma del reloj para besarme o decirme alguna gilipollez que me haga doblar de risa. Los recuerdos no patalean sobre el colchón como una niña pequeña ni boxean conmigo en medio del salón. No. Los recuerdos no hacen eso... los recuerdos son unos hijos de puta.

ELLA: A veces son lo único a lo que podemos agarrarnos; como si fueran clavos ardiendo, como a un enjambre de esquirlas de metal incandescente. A veces el estómago se desgarra bajo nuestro abrigo y los recuerdos están a nuestro alcance, afortunadamente, para sanar nuestra herida.

ÉL: No. A veces el estómago está preparado para librar cualquier batalla, para anidar hordas de mariposas, para organizar peleas de gallos si hiciera falta. A veces mi estómago es un Panther en plena contienda, poderoso, indómito, devastador, y entonces un recuerdo se cierne bajo la carrocería como una mina terrestre irakí y lo hace volar en mil pedazos como el arsenal pirotécnico estadounidense la noche del 4 de julio. Los recuerdos sólo me dicen lo que no tengo. Eso son los putos recuerdos.

ELLA: Y entonces, ¿qué haremos si todo termina?

ÉL: Cambiaremos nuestros nombres, nos iremos a otro país, tú serás una indigente en busca de amor y yo un pobre filántropo en los suburbios de Brooklyn. Tú serás ÉL y yo seré ELLA. Si todo termina volveremos a empezar y entonces... entonces no harán falta los putos recuerdos.

Caos Fernández Lobo (Texto y Foto)

viernes, 2 de abril de 2010

De sol, espiga y deseo


En un segundo; así fue como descubrí de qué modo se mueven tus labios. En un sólo instante tu boca suspiró mi nombre y un segundo más allá se volvió huracán el fondo de mi ombligo. En un segundo llegaron nuestros cuerpos al alivio tras 120 minutos emulando a un par de enredaderas enloquecidas por eso que algunos dicen llamarse amor. En un segundo se mezcló el anhelo de mi espina dorsal con el deseo de la yema de tus dedos y nos mecimos en el siguiente segundo hasta quedar tu boca dormida junto a mi cuello. Tras un par de horas dormidas mis manos entre tu pelo se despertaron nuestros ojos en un segundo y fue a anidar mi lengua en el vientre de tu boca. Tú sonreíste, besaste mi cara como si fuera tu último deseo y le pedí a Dios que jamás terminara ese segundo. Así fue como descubrí de qué modo se mueven tus labios, antes de volver a dormirme a tu lado en sólo un segundo.


Caos Fernández Lobo (Texto y Foto)

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Puede mi violencia vencer a la suya?




"(...)

-¿Degustando el último regalo de Dios?

-¿Qué?

-Este regalo; el de la violencia. Cuando he bajado al salón de mi casa he visto en la ventana un árbol que parecía inclinarse hacia mí, como una mano divina. Dios ama la violencia.

-No me había dado cuenta.

-Claro que sí. ¿Por qué habría tanta violencia si no? Está en nosotros. Es lo que sabemos. Declaramos la guerra, celebramos sacrificios, saqueamos y arrancamos la carne a nuestros hermanos y ¿por qué? Porque Dios nos ha dado la violencia para que luchemos en su honor.

-Creía que Dios nos había dado un orden moral.

-No hay un orden tan puro como esta tormenta. No existe el orden moral. Sólo esto: ¿puede mi violencia vencer a la suya?"

(Extracto del guión de Laeta Kalogridis, "Shutter Island", de Scorsese; adaptación de la novela de Dennis Lehane, del mismo título)


¿Actuamos condicionados por las restricciones morales y legales? Tal vez.

viernes, 19 de marzo de 2010

La derrota no es una opción


El camino sobre la cuerda floja se hace más difícil cuando alguien apaga las luces. Bajo nuestros pies, el abismo, el vacío y unos pasos que resuenan en los adoquines. Alguien huye con la red bajo el brazo. La caída será brutal. El más mínimo error llevará nuestras costillas a teñir de rojo el pavimento. Los ojos entre la multitud nos contemplan inquietos. No podemos fallar. No debemos hacerlo. Un leve rayo de luz ilumina el resto de la cuerda y nos muestra la línea a seguir para evitar descender a los infiernos. El corazón se pone en órbita en nuestro pecho y llega irrumpiendo a la garganta. El sudor en nuestra frente desciende hasta nuestros ojos. Esas gotas nos ciegan cuando nos disponemos a dar el último paso, pero poniendo el alma llegamos al final de la senda, al otro lado de la carrera en que la meta se yergue ante nuestra silueta. Desplegamos los párpados a duras penas y entre los destellos de los focos que amparaban nuestra proeza, nuestra lucha, una pérfida sonrisa nos explica que nada ha terminado aún. Una sombra nos planta cara, y tras ésta, ciento y un millón de sombras más a las que deberemos derrotar para llegar a enceder la mecha que haga explotar la caja de los fracasos, el reloj de las horas de lucha secuestradas por la catatonia absoluta.

Que no duden mis nudillos en embestir contra el rostro enemigo. Que no vacilen mis piernas en declarar la guerra al mentón ajeno y, sobre todo, que no se reduzca la piedad de mis entrañas cuando deba parar de masacrar al oponente, incluso cuando sea mi propio cuerpo al que esté aniquilando.

No hay retroceso posible; no hay excusa perdonable.



Caos Fernández Lobo

Que nada te aparte de ella. ("El ladrón de orquídeas", Spike Jonze)

En tierra de nadie

Durmamos en cama de piedra y si empieza la guerra finjamos no saber nada mientras yo le cuento secretos a la almohada. Mintámonos, digámonos la verdad a tiros y antes de que tus labios desenlacen mi nombre con un suspiro, serán mis ojos de Larios cautivos los que zarandeen tu cuerpo mientras te miro. No entiendes la mitad, y el todo es sólo inmundicia. No codicio la calamidad entredientes mientras algunos desterrados que fueron pretendientes, desgarran mis entrañas sin ninguna piedad. Sentimientos andrajosos, pestilentes. Rezumantes de un amor poroso que deja calar el desequilibrio, dueños de un sentimiento tibio que ceja ante el primer poso que cae al fondo del vaso de vino. No quisiera tener vida cautiva, pero con gusto daría la mía por acariciar uno de tus besos de porcelana en una noche de lluvia de orgasmos, desnudos en mi guarida. Parece que parte la musa cuando sólo hube desabrochado su blusa y sin saber que pude haberla llevado hasta Marte. Parece que el mal embarque acechó previo al desposamiento, y ahora levanto mi losa, desgarrado y algo hambriento, calcando palabras de cera consumida en las líneas de mi mano que no encuentran el momento para decir que no amó así ningún otro ser humano. ¿Y qué si encontré a la única, y qué si es sólo más una? "¿Y qué me importa ser poeta o ser basura?"


CAOS FERNÁNDEZ LOBO